Fragmento

"La enajenación mental del amor"
La vi marchar tras aquel portazo y no pude, ni quise, hacer nada al respecto.Te quiero, Amanda, siempre te he querido, pero siento que me harás daño y no lo voy a permitir. Aquella noche, cuando me besaste en la oscuridad, sentí algo muy profundo que llegó al fondo de mis entrañas. Algo como el filo de una cuchilla y que me llevaría a la locura. Tú no eres mujer de un sólo hombre, y yo soy hombre de una sola mujer. Nuestros destinos siempre estuvieron separados, pero me había negado a admitirlo. Me había negado a admitir que no serías mía; que ese beso que me diste estaba en la boca de cada uno de tus amantes; que no tienes sentimientos ni sientes de la misma forma que yo. Imaginaba un futuro junto a ti. Imaginaba que algún día te darías cuenta de lo mucho que te quiero, de que enloquezco cada vez que estoy a tu lado. Tenía grandes planes para nosotros, una gran casa, un gran jardín, niños correteando a nuestro alrededor, envejecer junto a ti... Ahora tan sólo te deseo que seas feliz. Y entiendo que mi tiempo a tu lado era caduco, que todo había estado en mi imaginación y nada más; que siempre había estado viviendo en un sueño, en una gran mentira. Pero eso se acabó, se acabó con aquel beso, con aquel primer y último beso. Adiós, Amanda, espero que seas feliz.

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