LA GOTA QUE REBOSA EL VASO



Cómo no tenía que estar esa mujer para hacer lo que hizo. Para, durante la noche, y mientras su marido dormía, coger un cuchillo y cortar su miembro sin ningún tipo de remordimiento. Lorena Bobbitt, sometida a humillaciones y maltratos hasta que un día cayó la gota que hizo rebosar el vaso. Y me pregunto yo: ¿No sería mejor haber dejado la relación? Si ya no funcionaba, si era infeliz y maltratada, lo mejor hubiera sido dejarlo, cortar por lo sano con la relación que tarde o temprano acabaría sacando lo peor que habitaba en su interior. Una relación malsana que le haría hacer, y decir barbaridades, más bien de una mente demente o procedente de la boca del mismísimo Lucifer. Porque cuando ya no hay nada, cuando la pasión de los primeros años, la locura del te quiero y no sé porqué pero lo hago, va y se acaba, es donde realmente aflora el amor verdadero, o por el contrario, se descubre que fue un calentón de pasión desenfrenada extendido en el tiempo más de lo deseado. Difícil diferenciar las malas rachas, de un ya no te quiero, no hay nada. Y es que, qué fácil es decirlo cuando no se está viviendo. ¿Verdad? Que más bien es imposible, impensable hacerlo. Y la verdad es que lidiamos una difícil batalla contra nuestro peor enemigo, el miedo. 

Hagámonos una pregunta: ¿Merece la pena aguantar lo insoportable y perder la identidad? ¿Convertir tu vida en una constante penitencia? Y es que digo yo, que más vale morir de miedo un tiempo y resurgir de tus cenizas, que convertirte en un asesino de identidad robada. 

Porque… Quién sabe dónde se encuentra la próxima Lorena Bobbitt… 
Y es que... ¿Nos queda espacio en el vaso?

Bv.

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